Mostrando entradas con la etiqueta instituciones. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta instituciones. Mostrar todas las entradas

viernes, 24 de julio de 2015

INSTITUCIONES E INSEGURIDAD
El artículo 2 de la Constitución es claro: Venezuela, como Estado Social de Derecho y de Justicia, propugna como “valores superiores”  la vida y la preeminencia de los Derechos Humanos.  Además, el artículo 25 establece que todo acto emanado del Poder Público que viole los derechos consagrados en la Constitución, son nulos y sus funcionarios serán responsables. Es decir, de acuerdo con las normas citadas, al ser la vida y la preeminencia de los Derechos Humanos valores superiores  y derechos consagrados en nuestro ordenamiento jurídico, esto implica que la organización del Estado y los actos que emanen de él, deben observar el cumplimiento de estos principios.
El artículo 44 de la Constitución, asimismo, es aún más claro: El derecho a la vida y la libertad personal es inviolable, lo que supone, entre otras consecuencias: ninguna autoridad pública puede disponer de la vida de alguien, ni efectuar detenciones y allanamientos sin orden judicial.
Siendo la inseguridad es uno de los más graves problemas que enfrentamos ¿Es solución a este flagelo dar licencia a los cuerpos policiales para que efectúen detenciones o ajusticiamientos arbitrarios?
http://cdn.eluniversal.com/2015/03/24/febrero.520.360.jpg
Todos los venezolanos queremos seguridad, de eso no hay duda. Se lo exigimos al gobierno y apoyamos cualquier política que proteja el derecho a la vida. Ahora, la inseguridad no se resuelve apelando al Código Hamurabi del “ojo por ojo, diente por diente”. La inseguridad en Venezuela trasciende a la delincuencia común,  y revela problemas estructurales asociados a la impunidad, la falta de oportunidades de los jóvenes, el creciente aumento del narcotráfico, policías mal remunerados, sistema de administración de justicia sin independencia, los índices de pobreza, por señalar algunos aspectos.
Pero además, la inseguridad en Venezuela está asociada a unas instituciones débiles e inoperantes. Según cifras del Ministerio Público, el 90% de los delitos quedan impunes en Venezuela. ¿Qué hace el Ministerio Público, entonces? ¿Qué ha hecho el Ministerio de Asuntos Penitenciarios para acabar las mafias carcelarias? ¿De dónde obtuvieron las armas de guerra que poseen los delincuentes actualmente?
No hace falta ser un experto: Para superar los índices  de criminalidad en Venezuela es necesario un Ministerio Público más eficiente, un mejor sistema carcelario, aumentar la cantidad de policías y profesionalizarlos, actuar en conjunto con los distintos niveles político territoriales, y sobre todo, hacer de la inseguridad un tema de Estado y  no politizarlo.

lunes, 18 de mayo de 2015


EN DEFENSA DE LA DEMOCRACIA
Hace días leí un artículo en internet (http://lavenezuelainmortal.com.ve) que conmemoraba el natalicio del ex dictador venezolano Marcos Pérez Jiménez. El autor de ese artículo resaltó los méritos militares de Pérez Jiménez, su irrupción en el año 1945, los motivos que lo llevaron a dar el golpe de Estado en 1948, y la gran cantidad de obras inauguró durante su gobierno. Con intención o no, el autor de ese reportaje escribió una oda del ex militar andino; supongo que las desapariciones, torturas, represión y ajusticiamientos de los que fue responsable Pérez Jiménez no forman parte del homenaje a su natalicio.  
Pero lo más asombroso no fue el artículo propiamente, sino los comentarios que se derivaron de él: cerca de 200 o 300 comentarios, y todos ellos coincidían en resaltar a Pérez Jiménez no un como dictador, sino como el responsable de la modernización en Venezuela, sin hacer mayor consideración sobre su política de torturas y represión a la disidencia, por ejemplo. Sólo pude leer dos o tres comentarios en contra de Pérez Jiménez, los cuales eran refutados por los mismos foristas con el argumento de “los cuarenta años de democracia también reprimieron y mataron”.
Fuente: http://www.elquintopoder.cl/wp-content/uploads/2013/07/democracia.jpg
No hubo democracia, ni libre pensamiento de las ideas, ni universidades, ni desarrollo científico, ni obras de infraestructura; no hubo movilidad social, ni desarrollo económico, ni viviendas construidas. La democracia venezolana, cuando existió, fue eso: la nada, lo malo.
Los párrafos anteriores resultan bastante ilustrativos a los efectos resaltar la influencia de la democracia –con todas sus imperfecciones- en nuestra idiosincrasia. Necesitamos volver recordar que cuando tuvimos democracia, por muy breve que haya sido, logramos importantes avances económicos y sociales, y nuestras instituciones públicas funcionaron correctamente. No todo fue malo.
Hubo mucho progreso cuando hicimos las cosas bien.
Son muchas las causas, pero en algún momento fallamos. No fallaron los partidos, fallamos todos como sociedad.
Y hoy estamos urgidos de democracia, clamamos por ella.
Estamos urgentes de democracia porque nuestra idiosincrasia trae en sus espaldas la herencia histórica del populismo, la corrupción administrativa y la debilidad de nuestras instituciones, y mientras el tiempo transcurre, cada vez se hace más remoto los días en que el desarrollo económico y social en Venezuela estuvo cimentado en el respeto a las libertades individuales; y por el contrario, cada vez se hace más presente en nosotros el convencimiento de no poder lograr cambios pacíficos y civilizados, o la necesidad de un golpe militar que acabe con esto.
Al autor de ese artículo le puedo afirmar que el gobierno de Marco Pérez Jiménez fue mucho más allá de sus obras de infraestructura. Hubo mucho concreto, sí, pero no era una sociedad libre. Y no hay nada atrasado que una sociedad reprimida y sin libertad.  Como la nuestra.

sábado, 14 de marzo de 2015

OUTSIDERS E INSTITUCIONES
No sabemos qué sucederá en los próximos meses. No hay instituciones. De hecho, las instituciones venezolanas son causa y consecuencia de la crisis generalizada que vivimos actualmente. En estas circunstancias es posible que en el anhelo desesperado de cambio, el remedio sea peor que la enfermedad.
En la década de los 90 del siglo pasado, Venezuela imploraba por un cambio; estaba asqueada de la miserable corrupción adeca. La COPRE surgió tardíamente y el germen del clientelismo empresarial y el rentismo petrolero minaron los esfuerzos económicos y sociales hechos en aquellos 60’ y 70’.
Surgió Chávez. Y habló Caldera en el Senado justificándolo. Eran todos contra todos. Ahí estaban nuestras instituciones: sepultureras de su propio sistema político; parteras de su propio verdugo.
Las instituciones, además de ser los pilares fundamentales del desarrollo social y económico en las democracias, también son una vacuna contra esa forma de hacer política que destruye al sistema democrático con sus propios instrumentos.
Fuente: http://www.diariolaprimeraperu.com
Los outsiders en la política buscan materializar el descontento que se atribuye a los partidos políticos y las instituciones. Son un riesgo para las democracias en la medida que el ciudadano no perciba que las instituciones son la garantía de su propio bienestar.
Ahí reside el problema de las democracias latinoamericanas. Y Venezuela mucho más. La desigualdad, la corrupción de las élites políticas, el clientelismo, la inseguridad, son factores que tienen como causa y consecuencia un sistema democrático cuyas instituciones no contribuyen con el mejoramiento de la calidad de vida de sus ciudadanos.
Entonces, es de Perogrullo que surja alguien que trate capitalizar ese descontento.
Fujimori y Chávez son los perfectos outsiders latinoamericanos. Ambos entendieron perfectamente el descontento de sus ciudadanos; responsabilizaron a la clase política; fueron a elecciones; ganaron; siendo Presidentes, debilitaron aun más las instituciones; sin instituciones, acentuaron los graves problemas sociales y económicos…se repite el ciclo.
Y aquí estamos, en el 2014. El 2015 promete ser muy complicado. Nuestros problemas están ahí. Buscamos algo/alguien que nos saque de esto. El gobierno carece de apoyo y la oposición no es una opción.


Sin instituciones, ese líder que buscamos puede mucho peor que Maduro.
FERMIN TORO NO SE PROSTITUYE
Para enero de 1848 ya los demonios estaban sueltos. José Tadeo Monagas -Presidente de la República-, decidió separarse de su otrora mentor político, José Antonio Paéz: El militar y político más importante que tuvo Venezuela en la primera mitad del siglo XIX.
Ahora el Partido Conservador -también mayoría en el Congreso de la República- acusa a Monagas de actos arbitrarios vinculados con la designación del gobernador de la Provincia de Caracas, ingrediente que tiene como aderezo los  sucesos que protagonizaron Antonio Leocadio Guzman y Ezequiel Zamora meses antes (http://www.eluniversal.com/2010/09/11/opi_art_el-24-de-enero-de-18_2029456).
Se dice que Páez está involucrado en la conjura.
El Partido Conservador delibera secretamente para que la sesión del Congreso se realice en Puerto Cabello.
Fuente: www.wikipedia.org.
Monagas, militar, sin entender de procedimientos ni instituciones, no está dispuesto a permitir su enjuiciamiento. Su permanencia en el poder como sea no es un capricho, sino el derecho de lo libertadores de usufructuar por lo que lucharon.
Llegó el 24 de enero y los sucesos ya conocidos: no se realizó la sesión en el Congreso. No se sabe con exactitud quien comenzó la refriega: si el tumulto congregado en las inmediaciones del Congreso para defender a Monagas, o los guardias apostados en el órgano legislativo para defender a los congresistas. ¿Y qué importa eso? Ocho muertos y algunos heridos es saldo suficiente para aplacar la voluntad cobarde y sediciosa de una sociedad que apostaba por una vía distinta al sable y el caballo para dirimir sus diferencias.  
Así fueron y así son nuestras instituciones: no instituciones. Incapaces de hacer frente a sus crisis sociales, políticas y económicas.
Ayer fue 1848, y hoy, en el 2015, vimos a una Asamblea Nacional legitimando a los mismos responsables de las violaciones de derechos humanos y fraudes electorales; y que en el año 2013 golpeó salvajemente a los integrantes de la bancada opositora.
Es la Asamblea Nacional prostituta del poder. Ya sin dignidad.
Al culminar los sucesos de 1848, el Presidente Monagas ordenó la restitución de las deliberaciones en el Congreso. Los oficiales buscaron a sus integrantes dondequiera que se encontraban. Al llegar a la residencia de Fermín Toro, éste no dudo en escupir aquella frase que se inmoló en nuestra historia: "díganle a Monagas que mi cadáver lo llevarán, pero que Fermín Toro no se prostituye"

EL DISCURSO DE LA POBREZA.
Recientemente, la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) publicó un estudio del cual se desprende el aumento de la pobreza en Venezuela en un 6,2% entre los años 2012 y 2013. Según ese mismo informe,  la CEPAL estima que el 32,1% de la población venezolana es pobre. En sentido similar, de los datos aportados por el Instituto Nacional de Estadística (http://www.ine.gov.ve/documentos/Social/Pobreza/xls/Serie_Pobreza_1s997-2s2013.xls) se evidencia que los hogares venezolanos en situación de pobreza representan el 27.3% de la población. En ese mismo informe, el INE revela que entre el segundo semestre de 2012 y el primer semestre de 2013 la pobreza en Venezuela aumento en un 8,2%.
Imagen tomada de: Ultimas Noticias. 
Ya sea que se tomen como ciertos los datos de la Cepal o del INE, podría decirse que en Venezuela existen entre 8 y 9 millones quinientas mil personas en situación de pobreza, aproximadamente.
Mientras la pobreza aumenta en Venezuela, el 25 de febrero de 2014, en el marco de un foro para la reducción de la pobreza extrema en Venezuela, el Ministro de Educación, Héctor Rodríguez, afirmó: “No es que vamos a sacar a la gente de la pobreza para llevarla a la clase media, para que después aspiren a ser escuálidos" (http://www.el-nacional.com/politica/Hector-Rodriguez_0_362363877.html)  En esa línea discursiva, el 4 de septiembre de 2014, el Gobernador del Estado Aragua, Tareck El Aissaimi, durante un acto del Partido Socialista Unido de Venezuela, sostuvo: "Mientras uno más consigue pobreza hay más lealtad a la revolución y más amor por Chávez, mientras el pueblo es más pobre es más leal al proyecto revolucionario" (http://www.el-nacional.com/politica/Tareck-Aissami-pobreza-lealtad-revolucion_0_476952469.html)
Y más recientemente, el 1 de febrero de 2015, en un acto de profundo irrespeto a la independencia de los Poderes Públicos, el Presidente de la República declaró en nombre de la Fiscalía General de la República, celebrado la detención de los directivos de Farmatodo. Con soberbia aseveraba:  “…Ayer detectamos, saben ustedes, una cadena de tiendas famosa [refiriéndose a Farmatodo] conspirando, irritando al pueblo, llegamos y regularizamos la venta y convocamos a los dueños y les pusimos los ganchos y están presos por provocar al pueblo por hacer guerra económica contra el pueblo…”
Pobreza y más pobreza. Para que nuestro pueblo sea leal a Chávez; para que jamás sean escuálidos de clase media.
Así como el desarrollo tiene su discurso, la pobreza también.
El desarrollo tiene como pilares fundamentales al fortalecimiento de las instituciones, la educación, la libertad económica, por ejemplo. En temas económicos, el desarrollo entiende perfectamente que mientras menos pobreza exista, hay muchas más posibilidades para que el ciudadano genere riqueza. Y mientras sean muchos los ciudadanos que produzcan riqueza, es más el ingreso por cada hogar, hay más generación de empleo, existen más inversiones, el pueblo se educa y aspira a más y más.
La pobreza, en cambio, habla como Héctor Rodríguez, Diosdado Cabello, Elías Jaua,  Tareck El Aissaimi y Nicolás Maduro. El discurso de la pobreza hace menos digno al ser humano. Lo humilla.  Es un discurso corrupto, miserable e hipócrita.
El discurso y las políticas sociales y económicas de los dos últimos Presidentes chilenos, han hecho que la pobreza en ese país represente el 7,8% de su población; por su parte, el discurso  de los últimos presidentes venezolanos ha empobrecido al 30% de sus ciudadanos.
Jaime Merrick
@jaimemerrick

domingo, 14 de julio de 2013

MUCHAS PREGUNTAS Y POCAS RESPUESTAS

Sobre nosotros como oposición.

¿Son ideas mías, o como oposición nos sentimos desmovilizados? ¿Hacia dónde vamos ahora? ¿Por qué nos desmovilizamos si somos mayoría y este gobierno es ilegítimo? ¿Cuál es nuestra meta en términos políticos? ¿Las parlamentarias del 2.015? ¿El revocatorio del 2.016? ¿Las presidenciales del 2.019? ¿Qué pasa que no capitalizamos el descontento que hay actualmente? ¿Qué somos como oposición?

Sobre la cuestión nacional

¿Y nuestro discurso sobre lo nacional? Mejor dicho ¿Qué proponemos? ¿Cómo lo solucionamos? ¿Qué sugerimos? Si hay tantas carencias, ¿Dónde están donde nuestras propuestas? ¿Dónde está ese discurso que nos aglomere al unísono? Inflación, corrupción, inseguridad, desabastecimiento, alto costo de la vida: Hay mucho material para organizar a la sociedad en torno a un discurso político esperanzador sobre la base de temas sensibles y cotidianos. Creo que hace falta, no que seamos oposición, sino que nos asumamos como proposición. ¿Cómo  conciliar un discurso que ataque fuertemente la ilegitimidad que representa Nicolás Maduro, acompañado con la propuesta de solucionar carencias específicas de la ciudadanía? ¿Dónde queda la protesta pacífica, la calle, la lucha por reivindicaciones sociales? ¿Acaso no son herramientas válidas de lucha?

Sobre las elecciones municipales

En esta lucha que ahora libramos de cara al 8D ¿Dónde queda la exigibilidad de condiciones electorales? ¿Cuántas alcaldías pretendemos ganar realmente con este CNE? ¿Por qué  la protesta pacífica y las elecciones municipales parecieran ser ideas opuestas, cuando perfectamente pudieran complementarse? ¿No crees que no exigir condiciones justas también pueda generar un efecto negativo en el electorado? ¿Y si hay fraude nuevamente?

Si las próximas elecciones están planteadas como un plebiscito en torno a tu figura, ¿qué sucedería si tu influencia sobre el resto de los candidatos no resulta ser la que esperabas?  ¿Qué pasará si el liderazgo que representa tu persona no puede ser endosado tan fácilmente? Chávez trato de ser el portaaviones de Diosdado, y perdió, y también salió derrotado por Antonio Ledezma en la Alcaldía Metropolitana.
Sí, es cierto, todos somos responsables en esta lucha, pero indudablemente unos más que otros. No fuiste el único que dejó el pellejo el 14 de abril.

Son muchas preguntas y pocas respuestas…

domingo, 24 de marzo de 2013

NUESTRA HISTÓRICA DEBILIDAD INSTITUCIONAL




Venezuela tiene la deuda pendiente de construir instituciones. No nos han faltado gobernantes que han querido representar lo nuevo, el verdadero cambio, la desvinculación con el pasado, en fin, el inicio de un nuevo proceso. Y en esa justificación por lo nuevo y lo revolucionario, el mismo gobernante ha buscado, ya sea destruir la obra creada anteriormente, o estar por encima de lo ya establecido. 


 De manera que, es necesario buscar las causas de nuestro desapego por lo institucional, justamente para proyectar posibles soluciones de cara al futuro; se trata de conocer nuestra historia para no tropezar dos veces con la misma piedra.


En este sentido, para tener al menos una idea (genérica) del porqué de nuestra debilidad institucional, es útil remontarnos al siglo xix. Precisamente, es necesario aclarar que las consecuencias políticas generadas de nuestro proceso independentista, van más allá de la obtención la independencia en 1821. Como bien apunta  Ana Teresa Romero (2009), “La realidad es que fue una guerra como lo son todas, cruel, violenta, irracional, en la que el peligro no era solamente del enemigo sino del caos. A lo que habría que añadir que hasta 1820 fue una guerra de exterminio” (p. 26). Obtuvimos la independencia, sí,  pero también heredamos a una Venezuela devastada.


En aquellas circunstancias,  ante la ausencia de contrapeso institucional, y aunado a la situación general de pobreza existente, comienza a concebirse la guerra y el caudillismo como única  forma para acceder al poder político.


Así terminó de transcurrir el xix: entre revoluciones, alzamientos, y caudillismo. Y a pesar que durante ese siglo también fueron promulgados diversos textos constitucionales, simplemente fueron un traje a la medida  que sirvieron de instrumentos para justificar la arbitrariedad del caudillo.


En el siglo xx, la institucionalidad siguió siendo nuestra asignatura pendiente, al menos durante la primera mitad de siglo. Sin embargo, el inicio del proceso democratizador (1958-1998),  también significó, entre otras cosas, el inicio de una etapa por despersonalizar el poder político y fortalecer las instituciones democráticas.  Se logró -aunque brevemente-, y durante ese periodo, Venezuela logró importantes avances en  términos políticos, económicos, sociales. Sin embargo,  hacia finales del siglo xx, las mismas instituciones que sirvieron de motor para el desarrollo, por diversas razones, fueron desmoronándose y nuevamente caímos en una etapa de inestabilidad social, política y económica.ç


 Hoy, cuando Venezuela atraviesa una profunda crisis institucional, la gran apuesta debe radicar en  el fortalecimiento de sus instituciones; no sólo para despersonalizar el ejercicio del poder político, sino también para crear condiciones de desarrollo de forma equitativa. 


Durante el período que Venezuela tuvo instituciones sólidas y confiables, por más breve que haya sido, los signos de desarrollo y progreso fueron más evidentes respecto a esos largo periodos en el cual nuestras instituciones sirvieron a intereses personales del gobernante.


O seguimos aferrados a la nostalgia y la emoción que genera el discurso del caudillo carismático,  o apostamos a una nueva forma de hacer política basado en el respeto de las instituciones. En ambos casos,  Venezuela tiene experiencia.

INSTITUCIONES=DESARROLLO


Unos de los grandes retos que afrontará Venezuela en los próximos años, será el fortalecimiento de sus instituciones democráticas. Por una razón muy simple: cuando tenemos instituciones democráticas sólidas e independientes, eso se traduce en progreso y bienestar para sus ciudadanos. O dicho de otro modo: no hay desarrollo sin instituciones democráticas fuertes.

 Según el Observatorio Venezolano de la Violencia, para el año 2012, fallecieron en Venezuela 21.692 personas. Igualmente, según cifras del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), desde el año 2.002 hasta el 2.013, ha existido una disminución progresiva de empleadores en el sector privado. Y de acuerdo con Transparencia Internacional, Venezuela es el país con el índice de corrupción más elevado en América Latina.

Las cifras mencionadas, reflejan la situación de nuestro país en distintos ámbitos: un país con altos índices de criminalidad, con una disminución progresiva del sector privado para generar empleo, sumado además, a una Administración Pública corrupta.

Asimismo, los datos citados no sólo indican la situación de nuestro país en aspectos  sensibles a la calidad de vida y bienestar del ciudadano (que por sí mismos ya son preocupantes), sino que también demuestran que detrás de esos problemas, también existe una debilidad institucional como causa y consecuencia de los mismos. Es decir, tenemos altas cifras de criminalidad, entre otras causas, por el alto porcentaje de impunidad existente; los altos índices de corrupción evidencia la incapacidad de la Contraloría General para sancionar al funcionario corrupto; y la disminución progresiva de nuestro sector privado, viene acompañado de instituciones  que no fomentan el emprendimiento y condiciones económicas de favorables para el ciudadano.

¿Qué sucede, entonces, cuando la democracia y sus instituciones dejan de velar por uno de sus fines esenciales, como es el de procurar bienestar para sus ciudadanos? ¿Qué pasa cuando el ciudadano comienza a percibir las instituciones democráticas como parte de una dinámica miope y excluyente de sus necesidades? Cuando eso sucede, comienza a generarse en el ciudadano un sentimiento de insatisfacción por las necesidades no cubiertas, y con ello, cuestionamientos y pérdida de confianza hacia la propia democracia, caldo de cultivo para la demagogia y el populismo.

Justamente, entre los años 60 y 80, ese breve período histórico durante el cual Venezuela experimentó importantes avances en materia de desarrollo social y económico, estuvo acompañado de instituciones sólidas e independientes que cumplían cabalmente su rol. Y cuando esas mismas instituciones comenzaron a fallar,-hacia los 80 y hasta nuestros días-, la democracia también comenzó a fallar, lo que  produjo un desmejoramiento progresivo de la calidad de vida del ciudadano, ocasionando numerosas y profundas crisis (políticas, económicas, sociales).

El fortalecimiento de nuestras instituciones se nos presenta como un tema transversal, y  las dificultades que hoy atravesamos en términos sociales y económicos, están asociadas directamente a la debilidad de nuestras instituciones públicas.

Desde el punto de vista institucional, Venezuela está en su nivel más bajo. Y para avanzar juntos como país y sociedad, es necesario promover el fortalecimiento de nuestras instituciones democráticas. 

 

jueves, 21 de marzo de 2013

EL DISCURSO POLÍTICO DE NUESTRA HISTORIA CIVIL


 El planteamiento de un discurso político sustentado en nuestra historia civil, pudiera darnos luces  de cómo abordar y salir de la crisis política que atravesamos actualmente.

Nuestra historia ha tenido un profundo arraigo en lo militar y lo heroico, sustentado en una historiografía que a lo largo del siglo xix y buena parte del xx, se encargó en la idealización y exaltación de la Venezuela independentista y sus héroes militares, cuya figura más importante, obviamente, es El Libertador, Simón Bolívar.

 En este contexto, nuestra clase política no ha sido  ajena a esta visión de la historia, y el discurso político venezolano, por un lado, ha girado en torno al pensamiento de Bolívar; y por el otro, nuestros dirigentes han buscado la manera de emular al liderazgo mesiánico de nuestros caudillos militares y próceres independentistas…y nosotros, como sociedad, lo hemos aceptado y asumido como parte de nuestra cultura política. Antes y ahora.

Andrés Bello.
Y Justamente, hoy más que nunca, el pensamiento de Bolívar ha servido de justificación para un gobierno corrupto y  abiertamente opuesto a la alternabilidad en el poder (irónicamente, nada más contrario al pensamiento de Bolívar).

Sin embargo, recordemos que también somos la historia de importantes hombres civiles, que sin alzamientos, proezas militares, ni caudillismo, le han dado  a Venezuela numerosos logros. El siglo xix no solamente fue la época de Bolívar y Miranda; también fue la época de Andrés Bello, Simón Rodríguez, José María Vargas, Tomás Lander, Juan German Roscio, Fermin Toro, Cecilio Acosta, y en nuestro siglo xx vivieron venezolanos como Mario Briceño Iragorri, Mariano Picón Salas, Caracciolo Parra Pérez, Rómulo Betancourt.

En tal sentido, plantear el discurso político venezolano sobre la base de nuestra historia civil, implica además, una nueva forma de hacer política: Se nos presenta como un discurso inclusivo y de reconocimiento al aporte realizado por numerosos venezolanos desde su ámbito de desarrollo; que  apela a  la supremacía de las instituciones y el respeto de la ley, en contraposición al culto de la personalidad y al caudillismo; aboga por la obtención del poder político en forma democrática, frente al alzamiento militar y el derramamiento de sangre; y reconoce que la labor de nuestros ciudadanos ocupa un tiempo y espacio determinado,  frente al perenne intento que tenemos de querer vivir  de lo militar y lo grandioso.

Nuestra historia civil, es la historia de logros educativos, culturales, económicos, científicos, en  ingeniería, arquitectura; es una historia amplia, que también alimenta nuestra identidad como venezolanos, forma parte de nuestras raíces,  y como parte de nuestra venezolanidad, debemos hurgar en sus aportes para afrontar la crisis que vivimos actualmente.